Agenda: Mi vida después

Atención: vamos a ver Mi Vida Después el VIERNES 29 DE ABRIL 20.30 hs y el DOMINGO 8 DE MAYO 17 hs.

Abajo la reseña de la obra, desde la página del teatro

Y vean qué interesante esta noticia: «Los días después de Mi Vida Después»: «La obra se convirtió en un elemento de prueba jurídico que permitió a una de las actrices declarar contra su padre»

¡Saludos!

MI VIDA DESPUÉS, de Lola Arias


Seis actores nacidos en la década del setenta y principios del ochenta reconstruyen la juventud de sus padres a partir de fotos, cartas, cintas, ropa usada, relatos, recuerdos borrados. ¿Quiénes eran mis padres cuando yo nací? ¿Cómo era la Argentina cuando yo no sabía hablar? ¿Cuántas versiones existen sobre lo que pasó cuando yo aún no existía o era tan chico que ni recuerdo?

Cada actor hace una remake de escenas del pasado para entender algo del futuro. Como dobles de riesgo de sus padres, los hijos se ponen su ropa y tratan de representar su historia familiar.

Carla reconstruye las versiones sobre la muerte de su padre que era guerrillero del ERP. Vanina vuelve a mirar sus fotos de infancia tratando de entender qué hacía su padre como oficial de inteligencia. Blas se pone la sotana de su padre cura para representar la vida en el seminario. Mariano vuelve a escuchar las cintas que dejó su padre cuando era periodista de autos y militaba en la Juventud Peronista. Pablo revive la vida de su padre como empleado de un banco intervenido por militares. Liza actúa las circunstancias en que sus padres se exiliaron de Argentina.

Mi vida después transita en los bordes entre lo real y la ficción, el encuentro entre dos generaciones, la remake como forma de revivir el pasado y modificar el futuro, el cruce entre la historia del país y la historia privada.

2 thoughts on “Agenda: Mi vida después

  1. Esta escenificación coral de un grupo de actores nacidos entre 1972 y 1983 hurgando en las vidas de sus padres durante los ’70. La búsqueda recorre desde lo más genuinamente personal y familiar, el lugar de cada uno de ellos para sus padres, hasta la vida de sus padres y la comprensión de la época en que vivieron. Decir que es una presentación pluralista, sería retacear el valor de esta puesta. Es más bien una mirada generacional hacia un pasado no vivido, en algunos casos presente en ellos mismos, en otros casos, presente en los amigos y por tanto no culminado ni elaborado, es la búsqueda de construcción colectiva pero generacional de la memoria y la historia del tiempo vivido por sus padres. En fin, creo que el estilo coral de Mi vida después se dirige a la construcción de una presentación plural del pasado y de apertura al futuro que sólo puede ser una tarea colectiva y con una impronta generacional. No será objetiva ni completa, más bien llena de preguntas, llenas de episodios que los hijos pueden atesorar de su infancia, pero al mismo tiempo, no todo es oro para atesorar y el trauma no es exclusivo de los hijos de desaparecidos.

  2. Yo también encontré en «Mi vida después» una presentación plural del pasado, un representación pluralista. No solo por la diversidad de voces – donde encontramos desde hijos de desaparecidos, a hijos de apropiadores, de hijos de exiliados, a hijos de quienes continuaron viviendo «vidas normales» en la Argentina de los últimos 30 años; sino también por la pluralidad del modo de representar esas vidas. Específicamente, me refiero a la pluralidad de recursos: el monólogo, la música, la irrupción en la actuación de tecnologías con las que ilustrar lo actuado/dicho – por ejemplo, fotografías proyectadas, a su vez, sobre el telón de fondo… fibras que hacen marcas en la fotografías mientras son proyectadas -, la subrepticia transformación de lo relatado en lo vivido – cuando en una misma escena, una actriz que habla de su madre se ve transformada en ella, vistiéndose «como» ella, y siendo proyectada una fotografía del rostro de su madre sobre un papel en blanco que cubre el rostro de la hija: la hija le «presta el cuerpo» al recuerdo de su madre, literal y metafóricamente.
    Esta pluralidad de recursos, que no se esconden ni ocultan como recursos sino que ocupan un lugar en la obra como elementos de ella, nos hace ver todo el tiempo que se está «representando» algo, que lo que vemos es «la» representación y «no» lo representado. Y sin embargo, es la misma autorreferencialidad de la representación la que permite pensar en eso que sea «lo» representado no como un objeto por fuera de la representación, sino como un tema constituido por la representación misma: esa representación plural constituye el recuerdo, la memoria, el relato plural que los actores/hijos quieren constituir… porque lo quieren comunicar, sí, pero como una cuestión a pensar, no como una reproducción de lo ya constituido en sí mismo.
    Ante usuales discusiones acerca del peligro de banalizar el pasado traumático y la experiencia de quienes lo vivieron por representarlos «artísticamente», «Mi vida después» se constituye en refutación: Refuta la posibilidad del peligro mostrando como el recurso artístico no solo no banaliza sino que hace posible dar cuenta de ese pasado, constituir la condición de posibilidad de su memoria y pensarlo críticamente, a la vez. Y con esta refutación surge una resignificación de la ingenua distinción entre lo pasado y lo presente, porque es en la representación artística en donde el pasado adquiere su status de «pasado», indisolublemente ligado a un «presente» que lo «re-presenta», en la medida en que lo hace tema del pensamiento, de una exposición que lo dejar ser a la vez que cuestiona que «sea» ese pasado. Se trata de un pasado que está vivo porque es constituido desde un presente en el cual, pensarlo, es afirmado como relevante y necesario.

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