Discusión: El debate internismo/externismo y la propuesta de Shapin.

Introduzco un tema de debate o consulta alrededor de la exposición de María Martini el jueves.

Es fundamental el desplazamiento o cambio de terminología que efectúa Shapin desde la distinción internismo externismo, para hablar de los límites de la ciencia.

Es fundamental para el sociólogo o el historiador contar con el marco shapiniano a la hora de indagar en una práctica científica situada.

Ahora bien, primer comentario, desde las perspectiva del sociólogo o del historiador, creo que no habría un interés específico en tener en cuenta las intenciones de los propios científicos, creo que lo que haría un historiador o sociólogo es indagar en la producción científica situada (sean teorías o actividades) y relevar que recursos están presentes en esa producción. Es decir, teniendo en cuenta el ejemplo de Galileo y la relación con los artesanos, se puede rastrear, reconstruir (la palabra que quieran, la presencia o injerencia de la práctica de los artesanos en el trabajo de Galileo. La conciencia o intencionalidad explicita del científico en esta apropiación e inclusión no es determinante.

Paso ahora a explicitar mi interés particular en esta aproximación, y este es el segundo comentario. En la discusión en el ámbito de la filosofía de la historia acerca de la relación entre historia y literatura, yo he distinguido dos estrategias: la esencialista, inspirada en la búsqueda de un criterio de demarcación estilo popperiano, o una historicista, bien trabajada por Lionel Gossman y por White. Ambos autores señalan no sólo que no hay algo como una distinción esencial, sino que desde el siglo 19, por el lado de la histora y como resultado de la institucionalización de la historia en las universidades, surgió el interés por discriminar a la historia de la novela histórica y, por el lado de la literatura, surge el interés por las belles lettres, necesitando una noción específica de literatura que se elevara por encima de cualquier producción escrita. Ahora bien, la aproximación de Shapin me ha resultado superadora y en un sentido muy relevante, contribuiría a la aproximación whiteana con un muy buen argumento, sólo que este argumento no contribuirían a tener una imagen racional de la ciencia o de la historia. La relación entre historia y literatura habrá que rastrearla atendiendo a aquellos modos discursivos, formas de trama que son usados por los historiadores. El límite estaría dado por lo que ha sido excluido como expresión de un conocimiento histórico. Mi apropiación de Shapin, reitero, no contribuiría a una consideración de la racionalidad de la ciencia ni siquiera de una racionalidad situada, pues el establecimiento de estos límites, es decir, cuáles tramas son permitidas dentro de la práctica histórica, no siempre responden a elecciones deliberadas de los científicos y ni siquiera a razones meramente instrumentales o pragmáticas.

Bueno, este comentario es una pregunta muy extensa para María o un pedido de ayuda.

2 thoughts on “Discusión: El debate internismo/externismo y la propuesta de Shapin.

  1. 1. Las intenciones de los propios científicos.
    En primer lugar consideremos esta extensa cita de Barnes ( y perdón por ello)
    “Una lectura detenida de la obra de Kuhn nos demuestra [que]…su análisis destruye efectivamente las racionalizaciones más ortodoxas de la investigación y la inferencia científicas. Pone de manifiesto la vacuidad de tantas referencias a “la razón”, “la justificación racional”, “la lógica”, “la prueba”, “la experiencia”, “la realidad”, etc. En cambio se destaca claramente el carácter convencional del juicio científico…
    Pero cuando se buscan explicaciones positivas en la obra de Kuhn, de inmediato se siente uno insatisfecho. ¿Por qué un nuevo problema resuelto
    llega a ser aceptado comunalmente como tal? ¿Por qué se toma como extensión de un paradigma existente, como lo mismo que ya estaba? ¿Por qué lo que para una persona es un buen problema resuelto para otra es una anomalía? ¿Y por qué quienes están en lados opuestos en las controversias relativas a paradigmas optativos tienen que encontrarse precisamente en estos lados?
    A éstas y otras preguntas la obra no Kuhn no responde satisfactoriamente. Es imposible que lo haga pues sistemáticamente nunca toma en cuenta el carácter profundamente intencional y dirigido de toda actividad humana incluida la cognición. Kuhn, sin embargo, nos permite apreciar la profundidad de estos interrogantes, así como la vacuidad de la mayoría de las respuestas a ellos. (Barnes (1986), pp. 209-214.)”

    Considero que estas palabras de Barnes coinciden con las de Shapin al considerar que las teorías científicas y los sistemas clasificatorios son considerados como estrategias construidas para apoyar las concepciones de un grupo acerca del orden social apropiado. Este enfoque estratégico evitaría, para Shapin, un análisis determinista, ya que “las cosmologías” no comportarían “expresiones pasivas” de la situación social de los actores sino que serían herramientas empleadas activamente para fomentar los objetivos sociales de un grupo, para oponerse a los de otros grupos adversos y para construir un orden social ideal o subvertir el orden dominante.
    Siempre pensando en la propuesta de Shapin, me resulta difícil compatibilizar la tesis de que hay un uso social de la ciencia, es decir, que el científico da una solución al problema del orden social a través de dar una solución al problema del conocimiento y con la idea de que el historiador no necesita tener en cuenta las intenciones de estos actores sociales. Shapin no admitiría que el “elemento político inserto” en el interior de los límites trazados a la práctica científica (si se me permite expresarme así) es una implicación ideológica “indiferente a o que excede” (no sé como decirlo) al manejo activo por parte del científico del discurso científico en sus uso social.
    No obstante, la reconstrucción de los recursos culturales y del empleo que de ellos se hace en la producción de conocimiento permitiría hipotetizar sobre los límites de la práctica científica construida por científicos en su práctica situada y mostrar la existencia de elementos políticos-sociales más allá de que el científico lo reconozca, lo oculte o lo niegue. Creo que es posible apropiarse del marco conceptual de Shapin en relación con los límites de las prácticas científicas y no tener que comprometerse con intenciones.

    2. La racionalidad. Este punto es mucho más difícil de contestar.
    Sostengo que la concepción criterial de la racionalidad sostenida por Putnam es compatible con la idea de límites de Shapin. Cito a Putnam:

    Wittgenstein posiblemente considerase que sólo pueden ser completamente verdaderos (o correctos, o adecuados o justificados) aquellos enunciados que pueden ser verificados de alguna forma “institucionalizada”…Sugiero que Wittgenstein consideraba que lo que puede decirse correctamente o no en los “juegos de lenguaje”en los que nos hallamos inmersos viene determinado por algún subconjunto de nuestras normas institucionalizadas de verificación y que no existe corrección o incorrección objetiva más allá de éste…Llamaré concepción criterial de la racionalidad a cualquier concepción de acuerdo con la cual la aceptabilidad se defina mediante normas institucionalizadas.

    ¿Qué pasa en los momentos de cambios científicos como los que se ocupa Shapin? Fuller sostiene que en el caso de Shapin y Shaffer en el Leviathan…la racionalidad está puesta entre paréntesis. Cuando se quiere explicar por qué se cristalizaron ciertos límites que llegan hasta hoy, sostiene Shapin, es necesario romper con lo autoevidente de la mirada “del que pertenece o es miembro” y ello se logra a través de la mirada del outsider que es capaz de hacernos ver lo contingente de los límites establecidos. Nuevamente, si preguntamos porqué se cristalizaron esos límites contingentes, volvemos al item anterior (punto uno) ¿Qué quiere decir Shapin por emplear activamente herramientas o recursos culturales en esta delimitación?

    Me gustaría seguir pensando al respecto. Cada vez estoy más lejos de mis queridas intenciones.

  2. Quisiera hacer un comentario respecto del debate-pregunta propuesto por Verónica y por la respuesta de María. No intento expedirme sobre las cuestiones disputadas sino relevar brevemente qué estamos discutiendo.
    Por una parte, aparece el problema de la intencionalidad. La pregunta es si la intencionalidad de los actores – en este caso, los científicos o los historiadores, como «actores» en relación con la producción de «conocimiento» – es o no relevante a la hora de dar cuenta de «lo que hacen/hicieron».
    La posibilidad de dar cuenta o no de sus acciones se vincula con la determinación del carácter «racional» de la acción.
    Hasta aquí, entonces las preguntas son: 1) en qué medida es relevante atender o dar un lugar preeminente a las intenciones de los autores cuando actúan – a los científicos/historiadores cuando producen conocimiento? y 2) en qué medida la respuesta negativa a la primera pregunta afecta, invalida o cuestiona la «racionalidad» del modo de cognición en cuestión?
    Cuando nos situamos en un marco historicista (dado que con White y Shapin la opción de distinción «esencial» claramente ha sido rechazada) nos encontramos con un modo de análisis de la tarea del científico y del historiador que asume su carácter contingente. O, más claramente, su carácter procesual, tanto porque la ciencia y la historia «tienen sus propias historias» como porque la ciencia y la historia «cambian». Es este marco el que le permite a Shapin analizar los límites de la práctica científica (superando la distinción internismo-externismo) y sus usos sociales. Pensar el límite sería (si no me equivoco en la reconstrucción) mostrar el carácter contingente y político de qué se consideró científico y que no- o a-científico. El mismo marco le permite a White mostrar cómo la historiografía se distinguió en el siglo XIX de la literatura, siendo ambas modos discursivos narrativos, mediante el rechazo de cierto «tipo» de tramas (y aceptando otros pero en tanto se ocultaba, negaba o reprimía su carácter de «tipo» de trama narrativa). El mismo historicismo que les permite mostrar con qué límites (sociales, políticos, institucionales) se pretendía identificar un modo de conocimiento, es el que les permite mostrar que ese límite es no solo contingente sino, incluso en el caso de White una cierta estrategia negadora o invisibilizadora de «lo que de hecho» se hace (cuando se escribe la historia).
    En ambos casos, el historicismo está estrechamente vinculado a la institucionalización: una «ciencia» no es tal porque es «el estudio de X» sino porque se identifica la emergencia, consolidación-legitimación e institucionalización de un «área» de conocimiento en particular.
    Entonces la pregunta por la intencionalidad de los actores deviene la pregunta por la intencionalidad de los actores en-a favor o fuera-en contra de una institución (consolidada o en consolidación). Y la pregunta por la racionalidad, a su vez, se debe reformular respecto de qué es lo racional o no cuando la acción se enmarca en el plano de lo institucional.
    María comenta que Shapin busca la mirada del outsider como la mirada que puede señalar el carácter «cristalizado» – i.e., no esencial – de los límites de la práctica científica. A su vez, de acuerdo con Shapin, tal como nos lo presenta María, esa consolidación de lo que se legitima como el «límite» de la práctica científica está ligada a la promoción de una concepción del orden social que intentan instalar sus defensores. Si no me equivoco, para María hay «intencionalidad» relevante, es la intencionalidad del grupo que pretende legitimar un saber Y un orden social indisolublemente ligado a él. Esta es a su vez la manera de dar cuenta de la racionalidad de esa acción: la producción de conocimiento busca soluciones a cuestiones teóricas que están motivadas por soluciones a cuestiones políticas. De este modo, hay un lugar relevante a la intencionalidad de los actores (como grupo, como colectivo que pretende legitimar su saber) «aunque» los actores no hubieran descripto su propia acción, contemporáneamente, en los mismos términos. También hay lugar para la racionalidad, como racionalidad instrumental, si no me equivoco.
    Ahora bien, lo que yo encuentro problemático (como pregunta abierta) sobre esta explicación de la producción de conocimiento es que esa intencionalidad que se «reconstruye» – que el outsider puede mostrar aún cuando los propios actores no pudieran autodescribirse en esos términos – es que solo podemos postularla ex post, es decir, solo podemos decir que «querían promover tal orden social» cuando de hecho, hubo acontecimientos posteriores por los cuales hacer ese juicio. En otras palabras, la intencionalidad de los científicos en X disputa solo podemos determinarla como parte de una mirada retrospectiva, desde «afuera», y narrativamente. Si estos es así, la «intencionalidad reconstruida» no es otra cosa que nuestro propio juicio de valor (narrativo-entramado) acerca de qué estaba en disputa y quiénes ganaron la disputa. Pero, justamente, esto hace a la mirada sobre la producción de conocimiento y límites científicos más «teológicamente dirigida» de lo que querríamos… en cierto sentido, se pierde el espíritu historicista que develaba el carácter contingente (a-teleológico?) del sucederse de la historia de la ciencia. En cambio, la emergencia, consolidación, legitimación y posterior crisis de ciertos modos institucionalizados del saber parece menos narrativa – y por tanto, menos teleológica, menos intencional, menos racional. Esa es la mirada kuheana, si no me equivoco. Bueno, es solo un comentario para contribuir al debate de mañana.

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